15.6.12

Paseos entre mundos fantásticos: Merary y Sinhué

Hola Portadores!!!

¿Qué tal? A pesar de no tener demasiado tiempo libre, he escrito este breve relato que pertenece a "Paseos entre mundos fantásticos" Sé que os gustan y a mí me encanta escribirlos ^^ Así que, espero que os guste y disfrutéis de la lectura.


Merary y Sinhué


Como siempre, me encuentro metida de lleno en una escena. Esta vez, cuando al fin viene a mí la claridad mental y visual, puedo ver como se está erigiendo un templo o palacio egipcio, de grandes dimensiones. Noto que alguien tiene cogida mi mano y cuando miro hacia arriba, veo a un hombre joven vestido como un faraón. Esta vez soy sólo una niña pequeña y apenas comprendo nada de lo que ese hombre, que supongo que es de mi familia, quizá mi padre, me está diciendo. Me habla sobre el resplandor que le otorgará el nuevo palacio a la ciudad que él dirige. Entonces, un hombre vestido como de soldado, se acerca a nosotros y habla con mi padre y enseguida, un niño se acerca a mí y me coge del brazo. Siento que le conozco muy bien, que somos amigos. Miro a mi padre y éste asiente con la cabeza como dándome permiso para ir con ese niño. Éste tira de mí y me lleva corriendo lejos de mi padre.
      -¿Te apetece ir al río hoy Merary?-me pregunta sonriendo.     
       -Sólo si vamos en la Sepy, no puedo mojarme.   
      Como de costumbre me encuentro instantáneamente en la nueva escena, montando en una embarcación hecha de madera, cubierta con hojas de papiro y atadas con algún tipo de cuerdas que nunca había visto. Eso me hace suponer que esa extraña balsa es la “Sepy” a la que hice mención antes. Nos montamos y Sinhué, como se llama mi amigo, se pone a remar. Me detengo a observar los detalles de mi alrededor y puedo ver el agua cristalina del río, el sol radiante en el cielo, una leve brisa que ondea las altas palmeras y Shinhué frente a mí, remando con fuerza y sonriendo. Se le ve muy feliz y no para de hablar y hablar, tan rápido que me marea un poco, porque no consigo seguir el hilo de la conversación. Va vestido sólo con una especie de calzón de tela sujeto por un cinturón ancho, de un material que desconozco. Sus brazos están fuertes para ser un niño tan pequeño y su piel está muy bronceada por el sol. Lleva un extraño peinado, pues casi toda la cabeza la tiene rapada menos una pequeña coleta en la corona, adornada por unas anillas doradas.
De pronto, aparecemos en una escena totalmente diferente, pues amanezco en un lecho cómodo y enseguida vienen a despertarme varias jóvenes, que me desnudan y me lavan concienzudamente. Esta vez no tengo que mirar hacia arriba para verlas, pues todas ellas están a mi altura, así que, supongo que ya he crecido. Salimos de la estancia y nos dirigimos a prisa por un largo pasillo, hacia la sala central del palacio. De repente noto como alguien tira de mí muy fuertemente y me lleva a un lugar escondido entre dos muros. Comienza a besarme apasionadamente y siento escalofríos por todo el cuerpo cuando lo hace. Siento que le conozco aunque apenas puedo verle la cara, debido a la oscuridad del lugar. Pero me gustan sus besos y le respondo con la misma pasión.   
     -Merary, te ruego que le digas a tu padre que detenga esta locura.    
Me doy cuenta enseguida de que estoy con Sinhué y le contesto.  
     -Sabes que lo haría si pudiera vida, pero ya ha tomado su decisión y tengo que aceptar mi destino, por más que me duela.      
      -No puedo permitir que te alejen de mí, que te entregue a otro hombre que no sea yo. Te amo y no puedo permitirlo.-contestó con los ojos llorosos.
      -Yo también te amo Sinhué, pero mi padre es el faraón y soy su única hija. Es mi deber aceptar este cruel destino. Temo que ya es tarde para hacer nada, debemos ser fuertes y aceptarlo.  
      -No, no Merary. No puedo aceptar que te aparten de mi lado, no quiero. Tenemos que luchar por nuestro amor, te lo ruego. Lucha conmigo y tu padre sabrá comprenderlo.
      De nuevo, me encuentro de pronto en una escena distinta, pues me hallo junto a mi padre de pie, frente al que será mi esposo. Ellos hablan de los términos en los que hemos de contraer matrimonio y yo comienzo a sentir un calor agobiante que me comienza a dejar sin respiración. De pronto, sin esperarlo, siento que las piernas dejan de sostenerme y me desplomo sobre el frío suelo. Cuando abro los ojos, veo a mi madre mirándome y a mi padre sentado a mi lado cogiéndome la mano.   
      -¡Gracias a los dioses!-exclama mi padre al ver que despierto. ¿Cómo te encuentras Merary? Temíamos por tu vida.     
Con un poco de esfuerzo me incorporo y respondo.   
      -Me encuentro débil padre. ¿Qué me ha pasado?-pregunto algo confundida.      
    -Te desmayaste fruto del calor, suponemos. Debes descansar y comer para reponerte, pues debemos hacer ver a tu prometido que estás sana.              
Esa palabra que pronuncia mi padre “prometido” se clava en mi alma como un puñal candente y no puedo evitar que las palabras broten de mi boca.        
      -Padre, se lo ruego, no me obligue a casarme con ese hombre. Me moriré de la pena ¿Es eso lo que quiere? ¿Acaso quiere verme muerta?     
      -No debes pensar en la pena niña, piensa en tu futuro. Sólo me aseguro de procurarte el mejor futuro posible.   
Entonces, una serie de imágenes se agolpan en mi cabeza, imágenes que no son más que recuerdos de mi historia con Sinhué y contesto a mi padre con una gran fortaleza y determinación.
      -Padre, si me casa con ese hombre, le juro por los dioses, que no viviré para darle nietos. Me mataré a la primera ocasión que tenga, pues la vida sin Sinhué, no significa nada para mí.         
Mi padre se quedó pensativo mirándome fijamente y tras unos minutos en completo silencio, se levantó y dirigiéndose hacia otra estancia dijo.       
      -Está bien Merary, te casarás con tu prometido, pero bajo algunas condiciones, que te permitirán seguir tu relación furtiva con Sinhué, pues no quiero ser yo el culpable de tu desgracia.  
      A continuación, aparezco en el río junto a mi amor Sinhué, que me sonríe y me acaricia con dulzura. Comienza a besarme y me siento dichosa, siento una calma y una plenitud en mi alma, que casi puedo tocar el cielo con los dedos. Nos amamos desde hace tanto tiempo que el sólo hecho de estar lejos de él y no poder tocarle un instante, me parte el corazón. Nos amamos con la pasión que nos otorga la juventud sí, pero al mismo tiempo, algo profundo ya arraigado en nuestros corazones, nos hace luchar por permanecer juntos, unidos como un solo ser. Sus besos me transportan, me deleito contemplando sus ojos, su cuerpo, sus labios…Nunca antes había sentido tanto calor y pasión. Me siento febril con cada una de sus caricias. Siento como su cuerpo se funde con el mío en cada beso y poco a poco, como los más expertos amantes, llegamos al acto más puro y esencial que el amor que se procesan dos almas, puede expresar. La mayor de las energías místicas, se concentran en ese acto de puro amor y nos hacen elevarnos por encima de los hombres y de la misma Tierra, para ascender junto a los dioses y disfrutar de su ambrosía. Me siento tan feliz que mi corazón no hace sino danzar con el de mi amor. Se han sincronizado por nosotros y para nosotros y poco a poco, tras la arrebatadora pasión, llega la calma de nuevo.       
      -Aunque le pertenezcas a él ante todos, serás mía siempre vida.
      -No yaceré con él nunca amor. No podría aunque quisiera, pues después de haberlo hecho contigo, ya te pertenezco, todo mi ser te pertenece a ti.                 
      -¿Y cuándo cumplas los dieciocho años? ¿No cumplirás las condiciones que impuso tu padre?       
      -Mi padre obligó a mi prometido a mantener su palabra de que no yaceríamos hasta que cumpliera esa edad, pero yo jamás acataré esa orden, ni de mi padre ni de nadie. Antes prefiero la muerte que yacer con otro que no seas tú. 
      De repente, aparezco en la siguiente escena. Estoy de pie junto a mi esposo y frente a mi padre. Nos está bendiciendo como es costumbre, pues esta misma noche, cumplo los dieciocho años y ese hombre que es mi esposo, será libre al fin de consumar nuestro matrimonio y yo me veré obligada a procurarle hijos. Esta es la noche en la que la casi olvidada tortura, debe comenzar para mí. Cuando nos hallamos en la estancia y el me espera sobre el lecho, comienzo a sentirme como una fiera atrapada en una jaula dorada. Siento que mi vida se escapa entre mis dedos y que mi cruel destino llama a la puerta de mi alma para apresarla y destrozarla. Solo puedo pensar en Sinhué y en que sólo puedo pertenecerle a él y a nadie más. Me armo de valor y me acerco al lecho.
      -Hoy no ha de ocurrir nada en este lecho, pues yo ya he yacido con otro sobre él y jamás podré yacer contigo.    
      A mi esposo se le borra la sonrisa de la cara y se torna en un rostro totalmente diferente. Sin esperarlo, con gran violencia, me agarra y me tira con mucha fuerza sobre el lecho. Intento librarme pero su peso me lo impide, he quedado bajo el y noto como me rasga el vestido. Advirtiendo lo que podría suceder, agarro un puñal que escondí bajo el lecho horas antes y se lo pongo sobre el cuello. Entonces se levanta y me libra de su pesado cuerpo. Se aleja y comienza a gritar para que vengan los guardianes a por mí. Éstos me quitan el puñal y me apresan llevándome ante mi padre, quien me da una fuerte bofetada a modo de castigo. Pide que nos dejen a solas y comienza a gritarme enfurecido como nunca antes lo había estado. Yo intento hablarle pero me es imposible, pues no deja que abra la boca para nada. Me dice que he ofendido su honor como faraón y como hombre. Dice que tengo que cumplir con las exigencias de mi esposo para procurarme un futuro. Yo siento que ya no puedo echarme atrás, que una vez he logrado la fortaleza para encarar a mi esposo, debo seguir con la amenaza de matarme si mi padre no cede a mis deseos.       
      -Padre, le ruego que me escuche. Comprendo su desdén, pero si no puedo estar con mi amor Sinhué, no estaré con nadie jamás. Me clavaré un puñal, antes de que nadie se pueda enterar y me perderá para siempre, pues si me obliga a consumar mi matrimonio, me estará matando igualmente.    
      Aquella noche, dormí sola en mi estancia, pues mi padre me encerró para pensar en el castigo que debía cumplir por tal ofensa. Al amanecer de un nuevo día, desperté al escuchar unos gritos, en la estancia de al lado. Mi esposo yacía muerto sobre su lecho. Al inspeccionar el cuerpo, vieron varias picaduras de serpiente y esa fue la causa de su muerte. Aquel fatal desenlace, significó mi liberación completa, como mujer y como futura reina. Jamás se supo cómo pudieron entrar la o las serpientes en la estancia de mi esposo, pero tampoco se investigó, pues mi padre, lo dejó estar y a partir de entonces, pude vivir mi furtiva relación con Sinhué, sin que nadie se interpusiera entre los dos. El día en que mi padre murió, yo tomé el mando y comenzó mi reinado.



¡Gracias por leerlo y Feliz fin de semana a todos!

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